martes 30 de junio de 2009

Eddie Metal


Ya circula en dvd el nuevo documental de la gira mundial de Iron Maiden; y esta es la crítica que escribí para la revista El Amante de mayo.


Iron Maiden. Flight 666, Estados Unidos, 112’, dirigida por Sam Dunn y Scot McFadyen.

Ahí están, firmes junto al cinéfilo, This is Spinal Tap, El día de la bestia, El mundo según Wayne y Little Nicky para validar algo que salta a la vista: cierta teatralidad del heavy metal lleva derecho viejo a la caricatura. La familia metálica es un dibujo, pero también es fácilmente certificable que, sin necesidad del dulce de baladas de encendedores prendidos al gas, cada uno de los personajes heavies son, a fin de cuentas, tan inmensamente adorables como el volumen de su histrionismo. Los Iron Maiden, conscientes de esta condena caricatural, se hicieron cargo y crearon a Eddie The Head, su mascota esquelética dibujada, hueso duro de roer, calavera que chilla. Evidenciada la caricatura, Iron Maiden. Flight 666 se concentra en el lado adorable de los metaleros y su equipo en un tour mundial con avión propio (Ed Force One): no hay backstage de reviente, el documental es sólo rock’n’roll (el sexo y las drogas nos las deben). Y si bien hay apuntes simpáticos en la gira, el registro careta de estos señores del metal, que se mantienen atléticamente entrenados para su faena escénica, se vuelve repetitivo, aunque el documental traza un crescendo dramático en la desesperación de sus fans, que se potencia en Centro y Sudamérica, con escenas que recuerdan a la locura de los fans de los rockumentales de Ramones. Y está bien que se estandarice el modus operandi de esta banda que se mantuvo imperturbable según pasan los años, sin mover un pie del lugar que eligieron para disparar hits cuadrados. Es un lugar sin mucho riesgo, pero también confortable, el lugar que uno elegiría para esperar a que la parca, en forma de Eddie, lo venga a reclamar. Por eso, los planos cenitales de la batería de Nicko “Nariz de Boxeador” McBrain son como una pileta vacía vista desde el trampolín donde nos gustaría saltar mortalmente al suicidio más ruidoso.

viernes 26 de junio de 2009

Michael Jackson hizo pop


Pocket Oxford Spanish Dictionary © 2005 Oxford University Press:
pop /
sustantivo: 1. (noise): to go ~ hacer 'pum'; (burst) reventar. 2. (Mus) música pop. 3. (Culin) gaseosa. 4. (father) papá (fam).

jueves 25 de junio de 2009

Rocky hasta que salga el sol


Hoy, en el club de amigos del mal, se puede ir a corear al ritmo del ruido transgresivo de las canciones de The Rocky Horror Picture Show, que ya tiene su propio club de amigos maléficos en Argentina. La cita es a medianoche en el malba, como corresponde a la mejor tradición de la cinefilia vampírica. Copio la primera parte de una nota publicada hace un tiempo en el Soy:

Unos labios sin rostro e inflamados de rouge cantan cruzando la pantalla del cine, y resultan monstruosos no sólo por sus dimensiones sino por la ambigüedad que encarnan: el maquillaje no disimula la androginia de los labios sino que la subraya tanto como el degenerado timbre de su voz. La canción que entonan se llama “Ciencia Ficción/Doble Función” y la letra rememora los programas de dos películas, una de terror y otra de ciencia ficción, típicos de los autocines de los ’50, donde se mezclaban los géneros cinematográficos. Pero esa evocación cinéfila, esa mirada al pasado, no tiene nada de nostálgico, más bien propone un sentido nuevo al mirar las películas como fetiches eróticos aberrantes: los versos celebran la ropa interior plateada de Flash Gordon, la candidez camp de divas clase B como Anne Francis, Janette Scott y Dana Andrews, y el trágico amour fou de Fay Wray y King Kong. Esos labios y esa canción son el punto de partida de The Rocky Horror Picture Show, una ópera rock que partió al medio la década del ’70, no sólo por llevar a su máximo esplendor una relectura queer de la historia del cine sino también por crear un espacio para el trans rock.

jueves 18 de junio de 2009

Misterio a flor de piel


Si la obra de un cineasta se pudiese entender a partir de imágenes furtivas que funcionan como manifiesto, el cine de Gregg Araki tiene esos intensos planos iniciales de la revolución lo-fi llamada The Living End: un desierto encandilado de cielo diáfano se contamina por un chongo con remera estampada de The Jesus & Mary Chain y se fractura por un montaje sincopado. Esa película, que roba el título de un track del bombástico Psychocandy, inició el vital nuevo cine queer de principios de los '90, que marcaría renovados parámetros para figurarse la diversidad sexual, el sida y la música dentro y fuera de la cultura gay. Araki fue fiel a sus principios a través de los años y las películas (su único desliz podría ser Splendor), pero nunca logró incomodar tanto con su talento creativo como con Mysterious Skin, donde llevó su asperesa característica a una tersura tal que, lejos de asimilarse a la media del cine mainstream, logra mantenerse incólume con su mirada desafiante, ahora casi convertido en el genio del desafío al sistema.
Además de todos sus logros, Mysterious Skin cumple una de mis fantasías más profundas: tiene una escena homoerótica con Richard Riehle, uno de los más prolíficos actores de cameos y que bien podría ser la persona ideal para inspirar a un nuevo personaje de El ósculo hirsuto.
Hoy pueden ver la película de Araki en el Congreso, con debate posterior, gracias a Baruyeras y Espacio Queer.

domingo 14 de junio de 2009

Paquidérmico


En Dumbo (1941), la gran obra maestra de Disney, el elefante volador del título se pega una flor de borrachera que dispara la mejor secuencia de la película: una oscura danza de color, de onirismo festivo, que se mueve entre lo abstracto pop y la figuración esperpéntica. ¡Burundanga!, el nuevo libro de Edgardo Cozarinsky con efecto y nombre de droga, inicia su ópera buffa con el cuento zoofílico "Mis amores con Dumbo y con Bambi", que no sólo hereda la distorsión festiva de la película de Disney sino que hace de la cinefilia una forma de identificación alucinatoria. Para más detalles perversos sobre el libro ver esta nota de Soy.

miércoles 3 de junio de 2009

Cine maldito


El ciclo central del cine del malba de este mes fue desprogramado por Agustín Masaedo y Pablo Marín, como una suerte de actualización doctrinaria del arte termita de Manny Farber, del modernismo vulgar de J. Hoberman (el de Midnight Movies o de "Bad Movies"). Pero igual, más allá de las influencias a la hora de procesar el cine, la idea del ciclo tiene más que ver con apilar películas para demostrar que si el mal viene en frasco de celuloide, es dos veces malo o, mejor todavía, es la multiplicación del mal: el que bien filma, mal acaba. Pero la ambición del ciclo va más allá (el mal no conoce límites): el objetivo no es ser solamente expositivo, exhibicionista (aunque eso no sea poco) sino también conformar un club de amigos/as del mal. Por eso es importante recuperar la idea del espectáculo cinematográfico como secta colectiva, celebración profana, misa negra. Y para que exista un ritual tiene que haber repetición; por eso, la idea de programación parece ser propiciar recorridos para formar sociedades del mal: los amigos de las dulces drogas (Marihuana, Reefer Madness, Maryjane), los adoradores de los psycho freaks (Scanners, La zona muerta, Furia, Carretera perdida, Shock Corridor), los orates cinéfagos (The Rocky Horror Picture Show, Criaturas celestiales), etc.
Entonces, este mes es su oportunidad de elegir su propia aventura cinéfila-maléfica y una posibilidad única para sacar el carnet del club de amigos del mal. No se la pierda, que no hay mal que dure mil años.

martes 19 de mayo de 2009

Un tal Funes


Soy un fanático de la historieta-folletín El ósculo hirsuto, protagonizada por el pelado y peludo Funes y publicada desde Tucumán por Guibu en su blog. Es la única serie que actualmente sigo con devoción y excitación. En realidad, mi fanatismo me lleva a soñar con cada uno de los panzones personajes dibujados (ninguno queda fuera de mi apetito por la fantasía onírica). Pueden pensar que soy un soñador, pero, a juzgar por los comentarios, creo que no soy el único.

jueves 14 de mayo de 2009

Videografías


Este próximo domingo 17 de mayo, a las 20:30, como cierre de la muestra "La diversidad sexual en el cine" se exhibirán mis cortos junto a los documentales Susana, de Susana Blaustein, y Cucho de Cristian Gauna y Néstor Granda.
De mi cosecha se proyectará Rear Windows y VHS y estos otros dos cortos:
pin-up bud [dream]
Argentina, 2008, 2'
De héroe del spaghetti western a ídolo pop extra large, el robusto y barbudo Bud Spencer es un ícono perfecto para los amantes de Osos. Este video casero experimental es una exploración onírica de un fetiche personal; y las fotos promocionales de esta estrella italiana son imágenes suficientes para un videasta soñador.
Divine SM
Argentina, 2008, 15'
Una hagiografía del monstruo más libertario de la historia del cine construida a partir del libre ejercicio de un voyeurismo sedado de cámara lenta que permite distorsionar aún más, pervertir aún más, cada una de las muecas de Divine (1945-1988). Y esa esperpéntica presencia está creada con la técnica con que John Waters, co-creador de Divine, fotografía las imágenes televisivas de sus fetiches cinematográficos.

Más información acá.

Excursiones para nadar estrellado


Por una cuestión de espacio, en la entrevista que le hicimos con Juan Pablo Martínez a Ezequiel Acuña, y que fue publicada este mes en El Amante, no pudo salir una de las preguntas sobre su último opus, Excursiones, que se estrenó en el último Bafici. Acá abajo la publico.

En Excursiones se profundiza una relación con la música que había en tus películas anteriores, porque el principio de esta nueva película pareciera que la música va construyendo el espacio de la ficción, varias canciones son como una base para la historia. Además, Excursiones también es el nombre que un disco de Suárez, hay una relación con el rock que no la tiene mucho del nuevo cine argentino.
Ezequiel Acuña: Me parece que el contexto de esta película, y de las tres películas, tuvieron que ver con referentes ligados a la música. Yo estudié música, iba mucho a recitales, y para mí que aparezca Jaime sin tierra en Nadar solo era como un referente de la escena, como sería hoy mostrar a cualquier banda de La Plata. Los títulos, por ejemplo: ahora tiene que ver con el cuarto disco de Suárez, y en Como un avión estrellado tenía que ver con un disco de lados b de Jaime sin tierra. Siempre había algo que sonaba o que llevaba a la música. En el corto mismo*, Beto aparecía con una remera de una banda escocesa apadrinada por Morrissey, y había un póster de los Smith. Acá hay una remera de los Buzzcocks, una de Morrissey, un afiche de La pequeña muerte de fondo. Igual son cosas muy ciertas, no es que buscamos una remera de los Buzzcocks para llamar la atención: me parece que en ese mundo ambiguo Morrissey y los Buzzcocks no son ajenos. Me parece también que en el caso de Excursiones, el personaje de Nacho ridiculiza un poco el indie de los ’90 que se tomaba en serio en Nadar solo y Como un avión estrellado. Pero también se homenajea al indie, porque los que tocan en la película son músicos de verdad, uno es de la banda Maldito maniquí y otro de La ola que quería ser chau; pero el personaje de Nacho se ridiculiza a sí mismo, o ridiculiza al Nacho de Como un avión...: se toma en serio y en joda al indie. Y Santiago y Nicolás Pedrero hicieron la música incidental, que se trabajó sobre temas de Yo la tengo y bandas americanas, que eran más contrapunto de guitarras y esas cosas. Después están las canciones, que es tan difícil conseguir los derechos de canciones grandiosas de la historia, que uno tiene que empezar a laburar al revés: qué es lo mejor que tiene dentro del cajón. Y lo de la banda La Foca fue una investigación estrafalaria, porque era como volver atrás y rearmar algunas canciones que tienen más de doce años y que ni estaban grabadas. En el caso de la escena de los payasos, hay un tema que se llama Ajeno, es una versión electrónica que hicieron de un tema que tiene un registro de cassette; y fue reformular las canciones a partir de muchas letras que tienen un doble sentido y que me parecen que tienen que ver con el tiempo y la historia de los personajes.

* Se refiere a Rocío, el corto que funciona como una primera parte de Excursiones.

jueves 7 de mayo de 2009

Aleph Alfonsinista


Lo mejor que pude leer en internet desde siempre, desde la era del dial-up, son estas palabras hijas de la gran Pola:
"Al igual que en la biblioteca de Jorge Luis Borges y en La peluquería de Don Mateo de Gerardo Sofovich, un día en la vida ficcional de Ranni contiene la totalidad de los hechos del universo (y la clave de la zona erógena alfonsinista)."
Este es el final de una nota que Pola Oloixarac, la teórica salvaje, escribió para Brando y duplicó en su blog. A modo de flashback-zapping sobre el mito argentino de la cultura-culo, la nota me hizo pegar flor de trip a mi infancia-preadolescencia ochentera. Y a algunas de mis propias ficciones mentales con Rodolfo Ranni.

miércoles 29 de abril de 2009

Proctólogo literario en la Feria


Querid@s amig@s:
El próximo jueves 30 de abril, gracias a los buenos oficios de APOA (Asociación de Poetas Argentinos) a partir de las 17.30, en el stand 496 del Pabellón Azul de la 35ª Feria del Libro (al fondo, junto al stand de las Provincias), estaré firmando ejemplares de algunos de mis últimos libros de poesía:
· Paraíso desechado (Epifanía, 2006)
· Paternidad de sombra (Epifanía, 2006)
· Zureo (Epifanía, 2008)
· La Proctomaquia o el Cantar de los culos (Simposio, 2008)
Será bueno encontrarnos, entonces, con quienes me ayudaron a publicar estas obras para intercambiar ideas, fortalecer relaciones y compartir afectos. Ante todo, con mi socio de la Editorial Simposio Fernando Iturrieta (http://www.editorialsimposio.com.ar/) y con nuestro artista plástico Claudio Pereyra (http://www.claudiopereyra.com.ar/). Estarán también nuestro patrocinador y agente literario Alejandro Margulis (http://www.ayeshalibros.com.ar/) y los directivos de Editorial Epifanía Carlos Gasparini y Néstor Saporiti (http://www.editorialepifania.com.ar/).
Esperando poder compartir este momento, l@s saludo atte.:
Wenceslao Maldonado

jueves 23 de abril de 2009

Anales de la literatura


La tan dilatada poesía anal tiene su máximo exponente en forma de poema épico-paródico en La Proctomaquia o El cantar de los culos, un libro falso de Wenceslao Maldonado que tuvo su correspondiente falsa presentación de mi parte y sobre el que también me encargué de escribir unas líneas en el suplemento Soy, que fueron ilustradas por Claudio Pereyra, que también dibujó para el libro. Más sobre la obra de Maldonado hay por acá, porque también escribió unos poemas sobre los Osos. La Proctomaquia, editado por la editorial Simposio, se consigue en algunas pocas librerías, porque en ciertos lugares no lo quieren vender por alardear la palabra culo en el título. Contra idioteces como esas tiene que enfrentarse una editorial independiente para abrirse paso. Así estamos...
Tal vez se consiga en la tetera de la Feria del Libro, que siempre está más poblada que las conferencias de invitados internacionales. Estos días lo chequeo y se los confirmo.

lunes 6 de abril de 2009

Más ruido (extended version)


Sabía que El mató a un policía motorizado había decido bautizarse así a partir del diálogo de una película (leído en un subtítulo) que los integrantes de la banda vieron al pasar por cable y de la que se habían olvidado, perdiendo casi cualquier rastro que pudiese identificarla. Traté desde hace tiempo de ubicar la película, de averiguarlo como regalo a la banda, para retribuir a EMAUPM parte de la primigenia felicidad que me dan con sus canciones ruteras, un tipo de felicidad que me conectó intensamente de nuevo con la música, un tipo de conexión perdida casi desde mi adolescencia. Durante un par de años fue imposible encontrar la película, nada, ninguna pista siquiera: es mentira que en internet toda la data pop está a un click de distancia, casi que a la huella digital de mi índice se le borra mi adn de tanto erosionar mi mouse para investigar la web. A partir de una entrevista para El Amante de este mes, volví a la carga, ahora con más detalles precisos para tratar de continuar la pesquisa. Busqué en los sitios de los canales de cable, también fui a la más poderosa empresa de cable para rastrear la información de la programación del 2003, pero no apareció nada: aunque estábamos a menos de seis años del dato, el horizonte parecía tan lejano que era inconquistable. Uffffff. Mi orgullo como cinéfilo trash estaba totalmente herido, casi en los últimos estertores de su agonía: no podía ser que no supiese ese dato, ese diálogo bautismal de la banda que hace corear a mis venas. Seguí, tenía que entregar la nota para la revista, pero me resistía, no podía publicarla sin que el misterio se dilucidara: la lupa virtual amplificó la huella dactilar que me permitió encontrar a un culpable llamado R.o.t.o.r. En youtube tenía algunos fragmentos de esa película, pero quería verla toda. Fui al videoclub Mondo Macabro (ese donde te reciben con un dinosaurio de yeso) para alquilarla, ahí tenía que estar. Al principio, el encargado me dijo que no la tenían, yo no lo podía creer, me resistía a aceptar que no tenía posibilidad de verla: rebusqué obsesivo en su stock de vhs y la encontré, ahí estaba, esperando el armageddon, estoica, analógicamente retro, encerrada en su oblonga caja negra, en su ataúd de plástico, pero la salvé del olvido que dictan los jerarcas del buen gusto. Y acá abajo está mi pequeño regalo para EMAUPM: esta nota publicada en El Amante (en versión un poco extendida), con el resultado de la investigación en el epílogo. En la revista también van a poder leer un recorrido por las 31 canciones de EMAUPM, escrito con esa fibra rocker que caracteriza al estilo endiabladamente inspirado de los textos de Agustín Masaedo.

Más ruido que dos esqueletos haciendo el amor en un ataúd de lata
En agosto de 2007, en una sección de El Amante que se llamaba Qué me escucho, escribí lo siguiente: "Desde la ciudad platense de las sinfonías diagonales otra vez el grito primario: El mató a un policía motorizado es una banda de "punk espacial" de canciones estentóreas reducidas a estribillos esenciales, ansiosos y desorbitados. Pocas palabras y un viaje de ida: melodías y distorsiones en intermitencias sabias alcanzan para festejar pequeñas situaciones y grandes personajes (la chica rutera, el viejo ebrio y perdido, el amigo piedra...) que se chocan en un ruidoso brindis de sidra en vasos de metal (sin Soda, por suerte). Tienen tres discos (El mató a un policía motorizado, Navidad de reserva, Un millón de Euros), todos indispensables, pero imposible escucharlos sólo sentaditos en casa, porque como su nombre anarco lo reclama, necesitan un target en movimiento: esta es una banda para teatros sin butacas (una gran lección de Virus) donde se pueda saltar y tomar el impulso suficiente para despegar. Porque, lo primordial, cada canción escupe la misma utopía punk: en tres minutos y algo un tifón sonoro pone al mundo patas arriba, para que se le caigan las últimas monedas que vale la pena gastar en la fiesta que te prometí." Empecé a ir a recitales de El mató a un policía motorizado más o menos un año antes de ese texto. En poco tiempo me volví adicto a esta banda formada por una cuadrilla de nombres extraños: Santiago Motorizado, Niño Elefante, Pantrö Puto y Doctora Muerte. Principalmente en mala yunta con el gran Agustín Masaedo, en La Plata o en Buenos Aires (incluso también en Córdoba), durante estos últimos años salté como un chiflado en esa turba que se transforma en turbina que son los pogos de los recitales de EMAUPM, donde más de una vez terminé en "una coda incierta de lisérgicos enroscados en una olla de grillos." Cada vez más poblados, pero aún intacto su espíritu de festín pagano, los recitales vibran con un sonido centrípeto de armónicos y distorsionados mantras con climax krautrocker que me electriza. Toda la fuerza estética de la banda me conmueve: confieso que he llorado de emoción más de una vez escuchando sus canciones (incluso durante algún recital). Y hablando con Santiago Motorizado, principalmente por msn, me di cuenta que, además, coincido con la sensibilidad cinematográfica que tiene la banda, que en el disco que sacaron a fines de 2008, Día de los muertos, se vuelve más patente. Porque en el inicio, en el futuro y en el fin de El mató a un policía motorizado estuvo y estará el cine. Me junté en La Plata, cuadrado natal de la banda, con Santiago Motorizado, Pantrö Puto y Doctora Muerte para hablar de eso.

El nombre de la banda surge del subtítulo de una película.
PP: Estábamos buscando nombre para la banda. Había un posible nombre que era "¿Querías un milagro, John? Te presento al FBI", que era una frase medio sacada de Duro de matar. Y en la fiesta de una amiga, estábamos hablando del tema del nombre de la banda y había una tele de fondo. Y de pronto, en la tele un personaje dice: "El mató a un policía motorizado". Era un subtítulo, la película estaba sin audio. Y quedó.
¿Y no saben cuál es la película?
SM: No, pero hay una forma de buscarlo que es ir a la revista de cable y fijarse, porque era una fecha precisa, era el cumpleaños de una amiga, el 8 de julio de 2003.
PP: Igual a mí me gustaría estar mirando tele un día, dentro de veinte años, y que aparezca.
SM: No, yo quiero saberlo, estaría bueno. Me acuerdo una escena de la película que era una ruta, como un paisaje tejano, sureño, un policía con uno de esos gorros tipo cowboy, un auto parado y una charla. Era en Film Zone.
Y esa frase del subtítulo no sólo bautiza a la banda sino que, arrastrando un tipo de cine, se hace concepto en las letras.
SM: Sí, justo cuando estábamos poniéndole nombre a la banda había un montón de temas que no tenían nombre y todo ese imaginario de una especie de violencia pop rodeó toda la estética de las palabras.
DM: Como la tapa del ep "Tormenta roja" que son las motos.
SM: El tema de ese ep lo cantábamos pero no tenía nombre, y Willy [DM] le puso el nombre, "Tormenta roja" sin letra. Después cuando hice la letra no tenía nada que ver, era casi lo contrario.
¿Y ven antecedentes en alguna banda de esta relación que ustedes tienen con el cine?
SM: Después me di cuenta que Los Natas también toman los motores, más para otro lado, más heavy, más stoner, como el video de la camioneta rotoscopeado que está muy bueno. Cuando nosotros lo creamos iba por otro lado, más de lleno en el cine americano de acción, y siempre con un poco ironía, no sé si ironía es la palabra, pero no tomarlo como algo solemne sino...
PP: Con humor.
SM: No sé, hay que inventar una palabra nueva ahí, que no sea ironía ni parodia.
PP: A la vez no tomarse en serio el fanatismo por el cine...
SM: Igual yo me lo tomo en serio, pero no de una manera solemne. Cuando empezamos nos parecía que manejábamos ese imaginario como una cosa muy propia, personal, y era algo que hacíamos con pasión, sintiéndolo, digamos.
Por ejemplo, Riff tiene mucha metáfora con motores, con autos, pero el tema fierrero se lo tomaban más en serio, Pappo tenía un taller mecánico, etc.
SM: Sí esto es más llevado al pop visual. Por ejemplo, muchas veces nos preguntan si nos gusta el TC y cosas así. A mí nunca me gustó ver una carrera, me parecía súper aburrido. Más de grande flashié con ir a ver una carrera pero como una aventura, para ver como es la cultura de todo eso. Pero la estética de El mató... tampoco es el cine clase B, es el cine más comercial que es pop y violento. El cine clase B ya tiene su reivindicación.
Todo tiene más que ver con la versión más pirotécnica, más trash del cine de acción, de esas películas anónimas que pasan por cable y que la agarrás en cualquier momento.
SM: Me acuerdo una noche fundamental fue cuando nos juntamos Diegui, el cantante de Mazinger, Willy [DM] y yo y vimos Triple X, y nos reíamos pero disfrutábamos, aunque estábamos relocos también. El director jugaba con todos esos elementos pero con mucha pasión, había una falta de preocupación por un montón de cosas en la película, del relato, de la filmación, pero había una preocupación tan romántica por escenas como la de una moto, que no se sabe por qué salta un tinglado, pero no importaba eso. Importa que salte un tinglado que explota en mil pedazos y que sobre eso haya una moto volando: es una imagen preciosa. Y eso era el fin, la preocupación del director o del encargado de llevar la estética de la película. Me parecía genial. Es algo que no se lo ve como algo genial. Nosotros íbamos a Bellas Artes, en muchos puntos está buenísimo la escuela de arte pero también está la parte académica. Y la bajada de línea, el pensamiento imperante de los profesores va por otro lado y está en contra de eso.
DM: Y los alumnos también.
SM: Sí, un poco baja eso a los alumnos y se repite. Y nosotros estamos en la vereda opuesta. Me acuerdo que salió el Dogma’95 y estaban todos como locos, algunos ni se habían enterado lo que era el Dogma y lo repetían. Está bien, éramos chicos, y estábamos aprendiendo a sociabilizar. Estaba bueno, iba a ver las películas esas y me gustaban, las disfrutaba. Pero era toda una lucha entre dos formas de pensar, pero no una destruyendo a la otra, sino reivindicar otra forma de arte.
PP: Esa discusión está en el plano de la música todo el tiempo, lo académico contra lo punk, por decir algo. Tal vez podés hacer música sin ser un gran virtuoso.
SM: A mí me gusta cuando se mezcla lo sofisticado con algo más brutal, esa mezcla genera algo más emocionante: como un cover de los Ramones llevado a canción pop, o una canción de los Doors y hacerla punk.
Al principio, cuando empecé a ir a sus recitales proyectaban películas como Mad Max y Tron, ¿las eligieron por estas mismas razones? ¿usaron alguna otra?
DM: Mad Max tiene que ver directamente con nuestra estética.
SM: Mad Max II iba con lo que ya veníamos pensado del Apocalipsis del último disco. Y es todo esta acción, la estética de los motores, de los autos, mezclada con esos personajes bien extremos. Y de pronto aparece una minita con una vinchita rosa y la remera mostrando el hombro. Esa mezcla de lo pop y lo salvaje es irresistible para mí.
Y cómo fueron surgiendo las letras. Sobre todo el último disco, que es muy cinematográfico, tiene más narración y está clara la influencia del cine de terror ¿Hubo alguna inspiración concreta para hacer las canciones? En "El último sereno" se nombra una película, ¿es una película específica?
SM: El sereno ve una película para notar el contraste entre su vida solitaria y rutinaria; la pantalla es algo grandioso y el extremo contrario de lo que él estaba viviendo. Eso crea el conflicto, pero no es ninguna película específica. Por ahí la más puntual es "Mi próximo movimiento" que está basada en películas de muertos vivos, por ahí narrada de manera más romántica, no tan descriptiva de los muertos comiendo gente, más romántica con esa imagen del chabón arriba del techo con un rifle.
Sí, la escena del rifle en el techo es muy...
SM: El amanecer de los muerto.
PP: También está Tremors, que tiene una escena parecida.
SM: Me acuerdo el día que vimos El amanecer de los muertos. Fuimos a la casa de Willy, que queda allá cerca del hipódromo, fumamos un porro, estábamos resensibles. También estaba Gastón (de 107 Faunos) y Diegui, y yo llevaba Exterminio. Lo que me volvía muy loco de chico es el concepto de una pandilla contra todo el mundo, donde no hay final feliz posible. Y cuando vimos El amanecer de los muertos era como una evolución de este tipo de cine por el simple hecho de que los muertos ya no eran esqueletos destartalados sino que corrían como locos.
PP: Aparte el hecho de que no se explique por qué hay muertos vivos es genial. De repente te despertás y se están todos morfando entre sí, y tenés que adaptarte a ese mundo.
SM: Toda la primera escena es tremenda. La canción de Johnny Cash nunca mejor usada, porque estaba contrastada con el caos global, con gente corriendo con ira, que nunca se había usado así porque los muertos vivos antes eran enclenques.
PP: Ese tipo de cine también está en Del crepúsculo al amanecer, que nunca tuvo el reconocimiento que se merece. Pero cuando la mina se convierte en vampiro es genial.
SM: Sí, además la gente dice "Los vampiros arruinan la película", pero no.
PP: Por ejemplo, hay gente que no le gusta Planet Terror.
¿Cómo ven esto de que todo el mundo quiere filmarlos, hacer un video con ustedes?
SM: Para mí está buenísimo, que me digan "Hicimos un video y está cargado en youtube", me emociona mucho. Y es algo con lo que yo fantaseaba de chico, ves algo que te emociona y querés sumarte a ese universo. Era muy fanático de Star Wars y dibujaba personajes inventados por mí. Está bueno cuando quieren respetar la estética de la banda, y cuando quieren hacer su propia estética, también. Pero no tenemos videos oficiales, ni siquiera ese que compitió en el Festival In-Edit.
¿Pero por qué no hay videos oficiales todavía?
PP: Porque somos colgados y perfeccionistas.
SM: Sí, colgados y perfeccionistas. Nosotros estudiamos plástica y, si querés, tenemos una preocupación más extrema con lo visual que con lo musical. Y si tenemos que hacer un video tiene que estar joya. También esa exigencia te limita.
PP: Y lo queremos hacer siempre nosotros, pensar bien lo que queremos hacer, cada plano. No tomamos el video como si fuese una especie de propaganda, promoción, sino como que hiciéramos un disco, y lo queremos hacer bien.
SM: Claro, no lo tomamos con un video promocional de la banda. Que el video sea como una pieza musical propia.
PP: Estamos planeando un video con unos chicos que se ofrecieron, para tener bastante el control.
SM: Les contamos la idea que teníamos: medio Mad Max y un poco Enki Bilal, que es un dibujante grosso, de una estética postapocalíptica que estaba en auge en los ‘80, alrededor del movimiento cyberpunk. Y ese imaginario estaba bueno para tenerlo en cuenta. Y en una historieta suya de La feria de los inmortales hay un partido de Hockey ultraviolento. Y lo que habíamos fantaseado un poco nosotros era un partido de fútbol postapocalíptico.


La charla siguió informal por varios caminos, recordando muchas películas, hablando de Spielberg, Spike Jones, Charlie Kaufman, Wes Anderson, de guionistas versus directores, de historietas de autor, de superhéroes. SM se acordó que había comenzado como chiste a hacer la "primera una historieta enviada por mail", protagonizada por un Superhéroe Dj, que tuvo difusión, como salir en la tapa del Sí de Clarín, pero que casi no existió: fue a la historieta lo que Reynolds a la música. PP dijo que estaba preparando el guión de una historieta sobre un taxista hombre bomba que iba a dibujar DM. Me contaron que habían hecho una película de terror en unas vacaciones cordobesas, que antes filmaban mucho y que planean hacer otra película pero que no cuentan nada por cábala. También hablamos que Laptra, el sello con el que editan sus discos y de otra bandas amigas (107 Faunos y Shaman y los hombres en llamas, por ejemplo), planea inaugurar una editorial y uno de sus lanzamientos serían los textos de PP ilustrados por SM. Coincidimos en que Okupas, la serie de Stagnaro, fue un momento genial de la televisión argentina. Casi no hablamos de música ni de rock: de eso hablan en todas las entrevistas que les hacen. Y esto no llegó a ser una entrevista, fue otra cosa: fue una forma de perder bien el tiempo, de pasar una tarde totalmente al pedo mientras recordábamos Tremors, Duro de matar, Del crepúsculo al amanecer y otros prodigios de la pirotecnia. Una tarde perfecta, bah.

Epílogo. Vistas aéreas de Dallas, Texas. Una radio anuncia que todo el mundo se larga de la ciudad ese fin de semana. Una pareja en un auto avanza por la ruta en plan picnic, pero aparece una neblina extraña y un hombre herido con una mujer inconsciente se cruzan en el asfalto. Él le pide a la pareja que llame al 911. De entre la oscuridad aparece un cazador amenazante con un rifle y apunta al hombre herido mientras dice: "El mató a un policía motorizado. Lo he visto" (en inglés es exactamente "This old guy just killed a motorcycle cop. I‘ve seen it"). Esa frase es el punto de partida de R.o.t.o.r. (1989), una película clase B construida con la chatarra sobrante de Robocop y Terminator, intentando emular cierto cine de acción sci-fi ochentoso. El policía motorizado en cuestión es un robot antropomorfo con traje de cuero, casco y anteojos Ray-Ban. Su nombre es el acrónimo Rotor, que significa Robotic Officer Tactical Operation Research y fue creado con el objetivo de que las calles sean un poco más seguras ("las bandas de punks, dealers de drogas y el resto de la escoria social podrían ser controladas y erradicadas"). Pero el experimento tecnológico salió mal y el motorizado robótico se convierte en un asesino indestructible a la vera de la ruta, que aniquila a gatillo fácil a cualquier responsable de exceso de velocidad. No sólo salió mal ese experimento en la ficción, sino también la película misma, dirigida por Cullen Blaine. Aclaro: la mala praxis cinematográfica, en este caso, es el valor agregado. Esto no quiere decir que el defecto la vuelva bizarra, porque la película ya era bizarra desde las ideas: tiene diálogos que parecen pergeñados a dúo por Raymond Chandler y Ed Wood ("haré más ruido que dos esqueletos haciendo el amor en un ataúd de lata"), tiene personajes secundarios de actuación esperpéntica (incluyendo un R2D2 trucho con gorra policial) y varias coreografías de lucha que son puro catch falso, como un ensayo de gimnasia pugilística. En realidad, lo malo de la película la hace incandescente, irrepetible, como una experiencia accidentada extremadamente única. Por mi parte, junto a las de Stuart Gordon, R.o.t.o.r. pasó a ser una de mis películas clase B preferidas de los ‘80 (aunque decir que es clase B, no es correcto, más bien se podría decir que esta es una película de bajo presupuesto con alma mainstream, es difícil hablar de cine clase B en los ochenta, como siempre aclara Roger Corman). Extrañamente, R.o.t.o.r., personaje y película, parecen precursores de esa amorfa película rutera-futurista-absurda llamada Electroma de Daft Punk, tal vez el trip audiovisual más extraño que una banda perpetró. Si R.o.t.o.r. fuese la película que los integrantes de El mató a un policía motorizado avistaron en 2003 todo adquiere mucha más lógica (aclaro que no pude chequear la información en ninguna revista de cable, por lo que puede ser que no sea esta, pero al ver la película, la frase existe, los recuerdos de SM coinciden con varias escenas y es una película del tipo que a veces pasa The Film Zone). La película, que hoy ellos no recuerdan, parece cristalizar las ideas estéticas y visuales de la banda: el contraste entre lo rústico rural de los paisajes de Texas contra la ciencia ficción futuristas del laboratorio científico, ciertas explosiones gratuitas y poéticas en su atrofiada concepción (como un árbol que estalla) y una forma de road movie con persecuciones y alguna pirueta automovilística recia. Hay un camión como el de la tapa de Un millón de Euros, una moto que podría ser la de Tormenta roja, autos que podrían estar en Día de los muertos. Hay, también, una chica rutera como protagonista, que escapa hábilmente del robot motorizado. Y, sobre todo, está la metáfora más clara de la música de EMAUPM: el robot del título se activa erróneamente a causa de un cortocircuito que provoca un empleado de limpieza del laboratorio al apoyar el auricular de su walkman en unos fusibles, como si la música creara la electricidad que da vida a ese "moderno Frankenstein". Esa misma electricidad es la que activa cada canción de El mató a un policía motorizado, la mejor banda de sonido para la pirotecnia monstruosa nuestra de cada día, nuestra forma más ruidosa de felicidad.

viernes 27 de marzo de 2009

Encarnación del demonio


Más recomendaciones para el Bafici: acá abajo un texto sobre Mojica Marins que escribí para Sin Aliento, el diario del Festival.
El evento más hereje del Bafici sucedió en 1999 y cerró el siglo cinéfilo vernáculo con una maldición: el viernes santo del primer festival, José Mojica Marins vino para presentar Esta noche me encarnaré en tu cadáver (1967). Si se están preguntando qué tiene que ver eso con la herejía, es que tienen la mala suerte de no haber visto esa película inaugural del director brasilero: ahí, transformado en Zé do Caixão (en español, Pepe Ataúd), aterroriza a una comunidad comiendo carne el Viernes de vigilia. El sacrilegio de la ficción se hacía realidad porque Zé do Caixão vino a aquel festival y recorrió las salas con galera, capa y uñas largas y filosas como garras (como un Freddy Krueger sin fierros) horrorizando con sus presentaciones performáticas, reactuando en vivo sus películas con el nervio de un Vincent Price paulista inyectado con el luto heroinómano de Bela Lugosi. Así, esa retrospectiva de aquel Bafici dio a conocer al monstruo y a su creador (que son la mismísima cosa) para luego hacerse parte del mito. Porque en el Bafici 2000 se proyectó el documental Maldito - O Estranho Mundo de José Mojica Marins, en el que se registraba el paso terrorista por Buenos Aires de este actor y cineasta mientras que se completaba su leyenda: que era dibujante de historietas, que está rodeado de un reguero de anécdotas fatalistas y que hizo una película porno con un pony. ¿O era un caballo? El tamaño, en este caso, ya no importa: la magnitud de la verdad y la mentira es inconmensurable porque el mito Zé do Caixão ya no tiene medida. Este nacido un viernes trece (mejor parido, imposible) hace casi 73 años vuelve este año duplicado al Bafici para el gusto cinéfilo-necrófilo local: como protagonista y director de Encarnação do Demônio (2008) y como actor en Filmefobia, película de Kiko Goifman que sigue los pasos desestabilizadores del maestro del horror brazuca.
Las uñas, como los mitos, siguen creciendo cuando alguien muere. Mojica Marins, como buen vanguardista, se le adelanta a la parca moviéndose con su ataúd por el mundo de los vivos para hacer del cine una espeluznante experiencia de crecimiento.

domingo 22 de marzo de 2009

Festilindo


Como todo el mundo pide recomendaciones para el próximo Bafici, listé las diez de abajo (que en realidad son once), que fueron publicadas en el sitio de El Amante. De entre las retrospectivas, la de Su Friedrich es imperdible y en el Soy pueden leer detalles sobre su obra (además, ahí también hay otras recomendaciones queer de películas argentinas del festival).

Bafici Top Ten
Dejando afuera la competencia internacional, las películas argentinas y las retrospectivas y focos, este es un top ten posible del Bafici. La que también debería estar entre estas diez es la chilena Mami te amo de Elisa Eliash, tal vez la más prodigiosamente lumpen de todas las películas programadas este año, pero que se puede meter dentro de un foco secreto y disperso en todo el festival: uno que no tiene nombre ni apartado en el catálogo pero que está unido por la energía que el cine chileno descarga este año en el Bafici.

She Unfolds By Day de Rolf Belgum
Casi seguro (no vi todas) la película más independiente del festival: independiente del cine-dinero, de las modas estéticas, de la pavada arty, de la especulación curricular, del “otra vez sopa”. Un tipo con una cámara de video, su familia, algún actor, un fox terrier llamado Jacques y la invención total de un mundo con reglas propias y que rompe todas y cada una de las reglas previas de cómo debe ser una película. Humor, desconcierto, poesía de lo inmediato y del más allá, una narración desacomodada por alguien que mezcla, da de nuevo y siempre consigue la jugada matadora y menos pensada. Si lloraron con la magnífica perrada de Marley y yo (en mi caso, el lagrimal me quedó para donarlo a la ciencia) esta es una película para vengarse: el dichoso perro protagonista es tan intenso-eterno como la fuerza creativa de Rolf Belgum, el gran genio-artesano de esta película arrancada del vacío.

Pizza en Auschwitz de Moshe Zimmerman
Road movie que va del guetto al campo de exterminio, piloteada por un padre de 70 pirulos que quiere enseñarle a sus hijos adultos los lugares exactos donde fue perseguido cuando era niño. Humor judío no apto para fanáticos de la corrección política, saga familiera a la deriva de la ruta, y grandes momentos documentales que ponen en escena una visión contemporánea sobre el Holocausto, todo visto con la informalidad que el título anuncia. Y, ya lo dije para el catálogo del Bafici, pero lo repito acá: también tiene ecos (supongo que sin ninguna intención) a ese gran retrato de la relación padre-hijo que hay en esa extraordinaria historieta de no-ficción llamada Maus, creada por el genio Art Spiegelman.

Sita Sings The Blues de Nina Paley
Imaginar que esta obra gigante la hizo una persona solita desde su computadora es como creer que alguien puede ganar el Paris Dakkar en un Fitito. Ver, entonces, para creer: porque Nina Paley fue ella sola toda la fuerza (y les garantizo que es mucha) detrás, delante y en cada costado de esta yuxtaposición de historias, estéticas, sonoridades y otras cosas en formato de animación en dos dimensiones. Folclore narrativo hindú, jazz de los veinte, tribulaciones domésticas neoyorquinas y otras delicias siempre convertidas en aventuras que se tensan superpuestas en una película que compite y gana con la mayoría de los exponentes hipertecnológicos de la industria de la animación actual. Me estoy acordando de las canciones de Annette Hanshaw que suenan en la película y me dan ganas de ponerme a bailar a lo Betty Boop. Ufff, no me aguanto: muevo un toque la cadera y sigo escribiendo.

German + Rain de Satoko Yokohama
Ya está, volví, sobre todo porque me acordé de las delirantes clases de música en flauta dulce mal tocada en esta película japonesa. Una rara avis de verdad: comedia brutal protagonizada por una adolescente con cara de mono que trabaja de ayudante de jardinero y quiere ser cantante pop. Gags + drama, infantilismo + salvajismo, romanticismo + estilo de vida punk campestre. Y muchas cosas más, de colores variados, en una ópera prima que sorprende por su sutileza, por su falta de exhibicionismo (un vicio muy típico de las primeras películas) y por la protagonista, Yoshimi Nozaki, que esperamos tenga la carrera que su rostro bestialmente cinematográfico se merece.

Rip! A Remix Manifesto de Brett Gaylor
La forma de circulación de la música en estos tiempos del flujo digital transforma a todo el mundo en piratas a la carga de la descarga de archivos sonoros. Pero no todos después se convierten en estetas electrónicos, en delirantes del sampler como Girl Talk, creador de collage music o de smash-ups, samplers de canciones ajenas que se vuelven locura de pistas de baile y de despegue, pero que son combatidos por los magnates del copyright (uffff, qué pesada esta gente). Para alivianar la cosa, darse una vuelta por este documental-manifiesto donde se discuten estos hábitos contemporáneos al ritmo de un dj o vj anfetamínico, empastilladísimo, que desgarra la historia de los derechos de autor hasta partirla en pedazos sonoros que se pueden usar para bailar, saltar y demoler las paredes de cualquier discoteca, así tampoco hay derecho de admisión. Porque si la democracia no se puede bailar, no vale la pena que exista.

16memorias de Camilo Botero
A la distancia, evocar la felicidad perdida puede ser algo nostálgico, absurdo, dramático, inverosímil, feliz, ridículo, etc. Todos estos estados desfilan en esta película (con el etcétera incluido) que recupera home movies que Mario Posada Ochoa filmó en 16 mm sobre su vida familiar en Medellín entre 1945 y 1971. Restauradas y divididas en 16 capítulos, esta película es un virtuoso ejemplo de found footage de Camilo Botero, pero también es una revelación mayor porque demuestra que uno de los más geniales cineastas latinoamericanos era un amateur de ojo cándido al que le gustaba registrar a la felicidad de familia.

Mamachas del Ring de Betty M. Park
¿Saben lo que es el catch de cholitas en polleras? Sea cuál sea la respuesta, tienen que ir a ver esta película, estreno mundial del Bafici, donde la directora Betty M. Park se vuelve la escudera de Carmen Rosa, gran artista de la lucha libre boliviana (aunque también triunfó en Perú), que se convierte en uno de los mejores personajes de no ficción que cualquier documental haya tratado de retratar. De la animación con plastilina al documental de acción ida y vuelta, los conflictos que debe sortear una luchadora de catch iluminan varios estratos de la sociedad boliviana (desde el machismo hasta la vigencia de la cultura indígena), al mismo tiempo que construyen un relato de suspense latinoamericanamente pop. Tal vez, la película más política y divertida de la era de Evo Morales sea este viaje a tracción de patadas voladoras.

Um lugar ao sol de Gabriel Mascaro
El punto de partida es un conjunto de testimonios de ocho propietarios de penthouse de Río de Janeiro y, efectivamente, este es un documental bien arriba. Desde las cúspides de rascacielos, el director se revela como un especialista en la entrevista de alto riesgo y logra que la gente entrevistada, al explicar su elección de vida saque todo (pero todo, todo, todo) el absurdo, el clasismo, el humor, la roña, la estupidez, la locura, la espiritualidad, etc. Y esto está plasmado en entrevistas sumarias, como si fueran high lights del pensamiento de cada persona. En este estreno mundial del Bafici, Mascaro está a la altura de sus pretensiones.

Sell Out! de Yeo Joon Han
En los últimos años, sigilosamente, Malasia se estuvo transformando en la nueva promesa cinematográfica asiática, casi al punto de ser la nueva Corea del Sur. Y esta ópera prima de Yeo Joon Han, a su modo, confirma esa ruta extraña. Se trata de una película que se burla de los vicios del cine independiente asiático, contemplativo, pinchado, para generar la comedia más inteligente y estúpida al mismo tiempo, que puede pasar de canciones sofisticadamente absurdas al gag elemental directo a las tripas, haciendo paradas en la reflexión humorística de la cultura contemporánea o del delirio ascético. Algo así como si Tsai Ming-liang se fuese de copas con los Monty Python y volvieran con una película que avanza zigzagueante y felizmente borracha de ideas.

Mellodrama de Dianna Dilworth
¿Saben exactamente qué es y cómo funciona el Mellotron? Una primera definición general (y un poquito tramposa) podría ser que es un instrumento que une a los Beatles, los Rolling Stones, los Beach Boys, Yes, Genesis, Roxy Music, REM, Radiohead, Big Elf, etc. Y, si no lo conocen bien y están tentados de googlearlo para buscar data, mejor esperen y vean este documental, que es cuadrado como el instrumento en cuestión, pero que dentro de esa caja logra hacer sonar la más maravillosa música en loop analógico. Paren, ¿ese es Brian Wilson aporreando el mellotron? Sí, claro. Entonces, ¡bailen carajo, o empiezan los gargajos!