sábado, 26 de mayo de 2012

Lenguaje común

Si existe alguien que sigue este blog y tiene un poco de memoria, sabrá que soy un fan casi fetichista de las historietas lesbofeministas de Alison Bechdel. Por eso publiqué una nota en el suplemento Soy sobre la distribución en Argentina de su libro Fun Home, que ya va por la quinta edición en español. Recién, cuando estaba por escribir esta entrada, me interrumpió la televisión con un minirecital de Sandra Mihanovich donde cantó Puerto Pollensa, Soy lo que soy y Bajo el asfalto, tres canciones que me gustan mucho y tienen demasiado que ver con Bechdel: las dos primeras no es necesario explicar por qué, pero la última contiene la frase que podría definir perfectamente el lenguaje de la memoria gráfica según lo traza Bechdel: "un río de tinta con gente igual a la gente pero un poco distinta".

viernes, 18 de mayo de 2012

Cinématon #2617


"En su máxima intimidad tecno, en su corazón científico, el cine se puede definir simple y literalmente como fotografía serial, una forma de disparar una y otra vez las canónicas 24 fotos fijas por segundo, para registrar y para proyectar su particularidad, su ser, y así persistir en la retina, como corresponde a su ilusión móvil. La historia del cine es un viaje de personas que establecieron tanto alianzas como boicots con y contra esa serialidad que cada película lleva en sus genes. ¿Ser o no serie?, esa es la cuestión. Y Gérard Courant, un cineasta hasta hoy invisible para nuestro país, fue al germen de esta cuestión a través de una obra prolífica durante casi cuatro décadas en la búsqueda de la continuidad y la ruptura dentro del métier serial." Así empecé la presentación, en el catálogo del último Bafici, de la primera retrospectiva latinoamericana de Gérard Courant, un cineasta francés en los márgenes del DIY, que tiene la serie más extensa de la historia del cine, llamada Le Cinématon, retratos en movimiento, exaltaciones del primer plano mudo, una vuelta a un primitivismo garantizado por las reglas con que filma cada rostro. La serie comenzó en octubre de 1977 y se suma a tantas otras series que Courant realiza a través de los años. Estos textos breves definen bien esta serie:
Cinématon es una serie de retratos cinematográficos que exponen a una personalidad de las artes, la cultura, la política o del espectáculo en un único plano fijo y mudo, en el que cada cual es libre de hacer lo que quiera”. Gérard Courant
“Sería un error creer que Cinématon tiene que ver con el sadismo o el masoquismo. No existe una relación sádica o masoquista entre las personas filmadas y quien las filmó. Es mucho más una cuestión de placer-dolor. Placer por la experiencia de estar frente a la cámara. Sufrimiento por quedarse. Y para el cineasta, el placer de filmar.Se podría incluso decir que este sufrimiento y este placer son inseparables, que no son dos cualidades que se complementan, sino más bien una cualidad única. Por supuesto, todos los que participan se comprometen a aceptar las reglas de Cinématon. El simple hecho de prestarse a este juego implica, en principio la voluntad de estar encadenado a la cámara y, mientras la película se hace, un deseo de liberarse, de salir, de dejar todo atrás, de decir ‘Stop’”. Michel Foucault, 3 de diciembre de 1981
Les cinématons ya incluyen a más de 2600 personalidades filmadas alrededor del mundo, donde se compilan retratos de Ulrike Ottinger (#104), Jean-Luc Godard (#106), Edgardo Cozarinsky (#164), Marie Rivière (#172), Philippe Garrel (#193), Maurice Pialat (#236), Sandrine Bonnaire (#238), Fernando Arrabal (#442), Samuel Fuller (#602), Marco Bellocchio (#794), Jonas Mekas (#1590), entre otros. Cuando visitó el Bafici el mes pasado, Courant me pidió si quería someterme al Cinématon, así que mi rostro pasó a formar parte de la serie. Ayer recibí un mail de Courant para avisarme la "bonne nouvelle" de que mi Cinématon está online en youtube. Lo comparto arriba para ver si adivinan la cita cinéfila encriptada que propongo.

miércoles, 16 de mayo de 2012

ArteBis

Vulnavia Bis desencarnará en el eter a través de un programa radial dentro de La Multisectorial Invisible que se realizará durante la próxima edición de ArteBa, que empieza mañana para un público selecto que no sabemos quién seleccionó (para el público sin selección previa, la feria abre recién el viernes). Este primer día de La Multisectorial Invisible los programas estarán dedicados al Tabú. Con Sofía Wilhelmi y Antolín, nos concentraremos en la Post Identidad, que es algo de lo que no conocemos nada porque es lo que viene después de lo que somos ahora. También habrá canciones y lecturas en vivo y sorpresas invisibles.

lunes, 14 de mayo de 2012

Revista Pelo



















Flor de la V tiene el primer programa conducido por una travesti en la televisión de aire argentina, La Pelu, y cuando lo vi un par de mediodías quedé bastante sorprendido por su genio para la comedia tanto como porque el formato escapa del encasillamiento fácil, como tendría que ser un proyecto pensado por y para una persona trans. Es como si amalgamaran la sección Pasando revista de La Noticia Rebelde con una revista de la calle Corrientes: en una vuelta de hoja se construye una suerte de magazine ficcional, con algo de musical delirante o de telenovela camp, donde dos hermanas, perfecto dúo de Flor de la V y Gladys Florimonte, llevan adelante una peluquería glam. La cuestión es que, como me gustó el programa, escribí esta nota en el suplemento Soy del viernes pasado, que estuvo dedicado, como corresponde, a la flamante aprobación de la Ley de Identidad de Género. Flor de la V me agradeció "personalmente" hoy en su programa por la crítica, sobre el final del monólogo que pueden ver acá. Le costó pronunciar mi apellido, pero después me llamó, con mucho cariño, "maldito". Es una palabra que me calza perfecta, no puedo estar mejor bendecido. Gracias, Flor.

jueves, 3 de mayo de 2012

Se armó el bailongo

Hoy, 5/4 (mes primero, día después, como lo escriben los johnnies), Keith Haring habría cumplido 54 años. 54 más 54 da 108; el Google te abrocho: por eso el buscador ultrapop le dedica un doodle a la medida del artivista callejero (soy el o la de rojo con la x que vuela, canté pri). A mí, un pelotudo sensible como soy a veces, cuando veo o recuerdo los dibujos de KH me palpita algo que me activa ese efecto raro y peligroso que está entre la melancolía y la felicidad. Porque todos esos garabatos de colores son las figuras que mejor bailan en la historia del arte, y eso es un mérito extraterrestre que me conmociona, casi hasta mojarme. Porque si hay una carencia, casi diría un fracaso, de las artes visuales terrestres es que pocas personas podían o pueden sacar a bailar un dibujo (esté o no dentro de un cuadro) como lo hizo Haring cada vez que delineaba sus figuras danzantes. 
Creo que U2 en algunas de sus giras (me parece que en algo llamado Pop Tour, al que por suerte no tuve que asistir) usó los dibujos de Keith como arte de pantalla. El tipo se merecía una música mejor, como Blondie o Sonic Youth; pero bueno, ya lo dice el refrán, calavera no chilla.

miércoles, 18 de abril de 2012

Flaming Critics

En 1996, una de las primeras veces que publicaba crítica de cine, había citado a Flaming Creatures, de Jack Smith, como influencia en John Waters, pero sin nunca haber podido ver esa película. Cinco años después, en el Bafici 2001, la película fue programada en un foco dedicado a Smith. Aunque había escrito en el catálogo, todavía no trabajaba en el Bafici, y estaba en la función del Cosmos esperando como cualquier espectador. Antes de la película presentan a J. Hoberman que iba a hablar sobre Smith y Flaming Creatures. ¡Hoberman en Argentina! Efectivamente, ahí estaba el crítico neoyorquino, mi ídolo total, el Ramone de la crítica, que fue muy importante para mí gracias a su libro Midnight Movies, escrito junto a Rosenbaum, y a sus columnas del Village Voice que leía regularmente por internet (y a veces imprimía para conservar. Solo una vez pude leer el semanario in situ, en 1998, cuando estuve en La Gran Manzana: era una crítica a The Big Lebowski, de la que todavía recuerdo fragmentos, aunque hace mucho que no la leo porque fue compilada en ninguno de sus libros y no figura en internet). Sentado en la butaca del Cosmos, aunque había esperado mucho tiempo para poder ver Flaming Creatures, antes de empezar mi mente se nubló, solo pensaba en qué preguntas le iba a hacer a Hoberman después de la película para tratar de atraer su atención. La película pasó frente a mis ojos, la vi en extasis doble, aunque tal vez no haya visto más que mi propia excitación proyectada en la pantalla, porque mi mente estaba concentrada en la cercanía espacial de Hoberman. Tras la función, hice como veinte preguntas, tratando de seducirlo, todas un poco pedantes e idiotas, para demostrar que sabía perfectamente qué era el cine under estadounidense: era el típico espectador odiado por el resto de la sala, esos que te dan vergüenza ajena. Hoberman igual mordió mi carnada, creo que fue porque le habrá dado una mezcla de ternura, lástima y/o curiosidad un idiota como yo. De todas maneras, su generosidad durante la pequeña relación que tuvimos durante esos días, terminó de manera increíble: me regalo un libro que había traído, publicado recientemente, donde compilaba textos de Jack Smith. Lo volví a ver varias veces cuando regresó al país como invitado del Bafici; nos cruzábamos y cambiamos algún que otro comentario, yo tratando de pasar como un colega y disimulando mi nervio de fan absoluto. Hace unos años, con dos amigos, Agustín Masaedo y Pablo Marín (AM/PM), se nos ocurrió escribirle para publicar una compilación de sus ensayos y críticas en español por primera vez. Hoberman respondió encantado, que daba permiso, etc., etc., generosidad al taco como siempre. Fue difícil conseguir hacerlo, pero gracias al Bafici y Juan Manuel Domínguez, este año reflotamos el proyecto y acá está, el librazo que incluye algunas de las mejores críticas y ensayos sobre cine como Películas malas y Modernismo vulgar. También, para acompañar el libro, volvimos a proyectar Flaming Creatures en el Bafici y me tocó presentarlo a él antes de la película. Cuando llegué a la sala para preparar la presentación, Hoberman me dijo que recordaba que yo había estado en la proyección anterior, hacía once años. Eso de recordarme me hizo llorar, soy así de melodramático para los pequeños detalles.
La presentación del libro era unos días después y también fui convocado para estar en la mesa. Y fue un pico sísmico, colapsaron todas mis terminales nerviosas, pero también fue uno de los grandes momento de mi vida: Hoberman se rió a causa de mis chistes durante la presentación y ahora encuentro que alguien captó su sonrisa con un ojo generoso en el momento preciso, perfecto (ver foto arriba). Gracias, Jota, por tanta generosidad crítica.

martes, 10 de abril de 2012

Top Five Femme


Si me piden cinco imperdibles del Bafici, son estas que enlisto abajo, todas dirigidas por mujeres: es que estoy un poco feminista para la cinefilia (y de paso también recomiendo el foco completo de Narcisa Hirsch, un lujo de esta edición del festival).

Voluptuous Sleep de Betzy Bromberg o cómo pasear por la oscuridad onírica y salir con un tesoro brillante, casi, casi enceguecedor, pero más bien tributario de la lucidez de la experimentación introspectiva (si se perdieron la exitosa retrospectiva de Bromberg de hace unos años ahora se pueden empezar a poner al día).

Tomboy de Céline Sciamma o cómo un relato de iniciación se convierte en el retrato más luminoso, a fuerza de energía y luz solar, de alguien que tiene pecas tornasoladas (si quieren, el viernes podrán seguir leyendo lo que escribí sobre esta película para el Soy)

Teat Beat of Sex de Signe Baumane o cómo "las posibilidades del dibujo animado son tantas como las del sexo, lo que transforma a su cine en un Kamasutra en movimiento, con velocidad de cartoon y un estado de fantasía contra toda represión" (citando a la nota que escribió mi buena amiga Lia Drago en Las 12, nota en la que recomienda otras películas de minas copadas y lujuriosas).

Cinema Komunisto de Mila Turajlic o cómo es la historia de un país desaparecido (Yugoslavia) que perdura a través de un cine de energía bestial, tanta como la del estricto cinéfilo Tito (hay cameos de Welles y Hitchcock y es la película en la que más nazis mueren de la historia del cine)

Sibila de Teresa Arredondo o cómo hacer un retrato ideológico entre la cercanía y la lejanía, de una de las personas más complejas y desconocidas de la lucha latinoamericana, la mujer chilena evocada en el título, encarcelada en Perú durante quince años por estar sospechada de relacionarse con Sendero Luminoso.

lunes, 26 de marzo de 2012

Pizza piola


Fui varias veces a comer a El Palacio de la Pizza, en Corrientes entre Esmeralda y Maipú, y siempre el lujo estuvo a la altura de su nombre, aunque nunca antes, supongo que por distraído, había tenido el inmenso gusto de conocer a la pizza con matambre. Hace unos días, durante la cena, nos presentaron. Así que, ni bien supe de su existencia, me pedí una porcioncita pa'probar, y resultó que el diminutivo se borró y apareció una enormidad: sobre la tradicional porción de muzza (inspiradora) viene una suerte de matambre espiralado, desarticulado (incluso deconstruido, si me permiten la expresión), que adorna el triángulo como una guirnalda para celebrar la fiesta de la pizza como un lugar del vale todo. Fue un gran momento, sorpresivo y delicioso, que sumado a la porción de fugazzeta que también me pedí, resultó ser una dupla bastante imbatible, un doble de básquet que vale triple (post dedicado a Sol Santoro D'Stefano, que me hizo recordar aquel momentum)

miércoles, 21 de marzo de 2012

Pasión camionera


A Tom Neko, que sabe cantarle a la felicidad de robar camiones.

Cameo motorizado. Mi actor secundario preferido de Hitchcock es Murray Alper: ambos trabajaron juntos en tres películas y otros tantos capítulos para la serie de TV del maestro del suspense. En Saboteur (1942) el actor interpreta su mejor papel, un camionero que, sin saberlo, ayuda en su fuga al protagonista, el típico falso culpable de Hitch. Alper tiene apenas unos minutos de diálogo mientras maneja, y cada frase que pronuncia tiene el poder de la sutileza del Hollywood de esa década, como si fuesen palabras sacadas de un film noir perfecto, pongamos Traidora y mortal (Out of the Past, 1947). Locuaz y casi desbocado, ingenioso hasta la crueldad, ordinario como papel de cohete, con un cigarrillo apagado entre los labios mientras habla, el anónimo camionero se queja de su trabajo pero sigue haciéndolo porque “uno de mis vecinos le dijo a mi esposa que es elegante comer tres veces al día”. Acto seguido, el caminero agrega que su esposa gasta guita en sombreros y en el cine, lo que le resulta paradójico porque compra sombreros para meterse en la oscuridad del cine donde nadie se los ve. No lo recuerdo textualmente, igual no podría transcribir ni la velocidad ni la gracia con que lo dice Alper, pero el contenido es ese, y estoy seguro porque la vi un par de veces en cine, aunque no tengo la película en dvd ni pude bajarla, y leí el guión original mecanografiado en Internet que tiene otros diálogos (mi culto por Alper me hace pensar que morcilleó, o sea, metió diálogos de su propia cosecha en esa escena deslumbrante, aunque como una de las guionistas era Dorothy Parker, más lógico es que hayan sido agregados de su autoría). Alper es lo contrario al actor-ganado que Hitchcock prefería arrear, porque siempre parece un poco indomable, incluso caricatural (nunca caricaturesco), algo fuera de registro. Sea como sea, Murray Alper es mi pócima personal contra la solemnidad: a veces, cuando una película se pone ploma, pesada por sus pretensiones, alucino con un cameo del actor que irrumpe con su camión en cualquier escena, incluso en el living de una casa, en un barco o en el siglo XVIII, para arrollar todo vestigio artístico institucional, toda elegancia milimétricamente especulativa, todo prestigio de diseño (Thelma Ritter funciona de la misma manera en mi imaginación, como una hechicera que combate películas plomíferas). Cuando vi Drive pensé que Alper aparecía a todo trapo para llevarse puesto al silencioso doble (¿o triple?) chofer profesional, para aplastarlo con su actuación con acoplado, para trompearlo con su violencia parlanchina. Murray Alper vs. Ryan Gosling, un duelo motorizado digno de Carrera contra la muerte (Cannonball!, 1976); o mejor, Alper vs. Nicolas Winding Refn, el director danés que se compró un sombrero nuevo para estrenarlo al dirigir su primera película en Estados Unidos.

Primera parte de la nota en contra de Drive, publicada en el número 237 de la revista El Amante/Cine, ahora digital.

viernes, 16 de marzo de 2012

Piss off


El piso del Zaguán Sur transpiraba cerveza y cada pogo era un peligro porque cualquier resbalón significaba pasar a ser la alfombra roja de una manada (yo era parte de ella) que saltaba embravecida las canciones de Javi Punga, 3 pecados o Santiago Motorizado que nos hacen pisar el acelerador hasta quedar ciegos por el vértigo. No importaba, estábamos ahí para hacer el aguante a cualquier melodía o ruido que hiciera latir nuestra molotov interior. La jauría tiró parlantes varias veces, el fervor se medía en grados de demolición. En los intervalos, entre banda y banda, salíamos a respirar a la calle y a tomar impulso para el próximo trampolín que proponía el Festipulenta edición cuadruplicado. Era un ritual del fin del verano que nos debíamos, la misa pagana que prende fuego toda la ciudad como una quema ceremonial de cierre de temporada.
En una de esas enfilo para el baño del Zaguán. Adentro un chico que parecía de veintipocos, estaba frente al espejo con una remera de The Clash que reproducía, estampado negro sobre tela roja, la tapa del disco de 1977. Cuando le doy la espalda para pasar, el pibe lee The Clash en letras blancas en la espalda de mi remera negra con una estrella roja en el frente. Mientras descargo en el mingitorio me cruzo con su mirada y me saluda; todo parecía ser un levante, sobre todo cuando el pibe me dice: "La estamos clashiando los dos". El tenía el pelo cortado con máquina a un milímetro, cara de nene, flaco con la remera al cuerpo y usaba chupines negros: no era mi tipo. Yo, pelo largo, obeso, bermudas y ojotas creo que era casi su opuesto perfecto. Le respondí con un sí seco pero que no quería ser apático porque me caía bien. Al menos hasta que insistió con el diálogo, aunque ya no parecía un levante sino una charla ideológica de fraternidad punk: "Antes me gustaba Sex Pistols pero crecí y ahora me gusta The Clash." Lo miré sin desaprobación y le dije sin ganas de confrontar: "A mí todavía me sigue gustado Sex Pistols". Guardé la japi, me despedí y me fui del baño. No tengo nada contra quienes les deja de gustar Sex Pistols o simplemente siempre les pareció una mierda; es más, podría aceptar que es una banda descartable para alguien aunque ahora no esté de acuerdo. Pero sí me causan casi repulsión las personas que dicen haber crecido y pretenden seguir manteniendo los ideales punk. ¿Crecer? Tal vez sigan creciendo y algún día les guste Diego Torres y se pinten la cara color esperanza, qué sé yo. Decir "crecer" para tildar ciertos gustos como primitivos es lo más anti-punk que conozco. Punk es estar siempre abajo, dejarse caer al pozo más ciego, no salir de ahí aunque sea tentador mirar desde arriba o desde la madurez porque da algún tipo de prestigio. Punk es ser chico siempre, como Bill Watterson y su Calvin & Hobbes que se retiraron antes de haber crecido o de que el trazo del pincel que los unía dejase de ser libre o de que la mercadotecnia fabrique cartucheras con la imagen de Calvin para ir a la escuela (miren los pelos del malaprendido Calvin y digan si no es un muchacho punk). Lo puso claro Joe Strummer, un héroe cuando el punk explotó a fines de los 70 que después bajó hasta tocar fondo: "from hero to zero", como dijo el cantante de The Clash en el rockumental Let's Rock Again, donde se registra a él mismo como un anónimo planfetero en sus últimos días, repartiendo en la calle los flyers de sus recitales que nadie acepta. Punk es vivir siempre remándola de nuevo, salir a la calle y estar en la peor, que te tape la mugre y, sobre todo, resistirse a crecer, a no ser que se eche raíces en un tacho de basura y te rieguen con pis de perro con sarna.

lunes, 12 de marzo de 2012

Vulnavia Bis


Eramos pocxs y parió la historieta. Ahora, además del personaje de mi culto personal, Vulnavia, ayudante del Dr. Phibes, a quien está dedicado este blog, hay una homónima, que recién ahora descubro a través de Google. Esta Vulnavia es personaje de cómics y apareció por primera vez el 6 de junio de 2008, después de que este blog comenzara a existir, lo que implica que no fuera invocada en el momento del origen, pero ahora la incorporamos a nuestra propia lógica onmívora, porque la tocaya es una aliada nata de nuestro objetivo anarcótico; si no miren la imagen arriba, esa hombrera en forma de bestia que escupe un brazo es de una elegancia macabra, la misma que esperamos de personas cómplices de nuestra malevolencia. Además, me informo que Vulnavia, según la mitología nórdica del cómic, es vikinga, fue criada por Odín y se convirtió en valkiria. Es hermana de Vandala y media hermana de Lady Death, reina del infierno. Pero por sobre todas las cosas, su característica principal es ser "eterna", o sea, invencible. La historieta original fue editada por Chaos! Comics antes de su bancarrota y el personaje fue creado por el guionista Brian Pulido y el dibujante Steven Hughes. Eso, nada más, quería volver de mis dos meses de ausencia sin aviso con una buena noticia: las Vulnavias nos multiplicamos para expandir nuestro poder destructivo, asolador. Cada vez somos más y más terribles. Estén alerta, porque el 2012 viene con mala fama.

jueves, 29 de diciembre de 2011

La luz sobre la mesa

En la sección Ser y Estar del suplemento Soy, salí disfrazado de Papa Noel en minifalda, en el rincón de la casa que más me identifica, con los objetos que hablan de mí. Acá reproduzco la nota publicada y agrego algunas notas al pie con detalles.

Mi lado (oscuro) de la cama y mi mesa de luz es mi rincón preferido porque ahí tuve y (cruzo los dedos) tendré orgasmos de cualquier tipo y factor. Pero también es un gimnasio de pesadillas y sueños, todos mezclados con lo que hojeo en noches y días entre sábanas que son como lienzos blancos que enchastro con mi forma barroca y pop de relacionarme con todo tipo de cultura y contracultura.
1. Retrato de Gizmo, el mogwai protagonista de la saga Gremlins, dirigida por Joe Dante. Gizmo es como Platero, pequeño, peludo y suave, pero también es la amenaza de expandirse en criaturas abominables, anarquistas, grotescas que brotan como pochoclo explosivo de su interior. Y encarna uno de los tipos de cine que me gusta habitar, la película pochoclera tóxica, descompuesta, que se viste de género para desviarnos, que parece pura ternura pero si te descuidás se convierte en Rambo y tiene la misma ferocidad arisca de un gato. Además, Gremlins es la gran película macabra de Navidad. (A)
2. Libros de mesa de luz. Me identifico plenamente con lo que dice Reinaldo Arenas en Antes que anochezca: cada vez que voy a dormir llevo la misma cantidad de libros que para un viaje largo. Por eso la acumulación babélica al costado de la cama es inevitable y tengo una mesa de luz elevada que siempre se desborda en el piso, porque es necesario alimentar mi cerebro para tener buenas pesadillas con más frecuencia, aunque la mayoría de las veces tengo el mismo sueño fetiche: una cama desenfrenada con Francis Ford Coppola, mi sex symbol absoluto. Ultimamente, me interesa más leer historieta que literatura en la previa al sueño o en las noches insomnes, es lo más parecido que encontré a tomar LSD antes de dormir. (B)
3. Muñecos de Bob Esponja y Patricio Estrella, la pareja queer que vive en Fondo de Bikini. Surrealismo submarino infantilista, que no me deja ejercer la nostalgia por los dibujos animados de mi niñez, no sólo porque lo conocí hace poco, sino porque todavía está vivo y mutando. Para mí la dupla es un show constante de drag queens, la mejor forma en que todxs vivimos nuestra infancia eterna. (C)
Foto y producción Sebastián Freire para participar de esta sección: seryestarensoy@gmail.com


(A)
Esto es recomendable leerlo mientras escuchan "Mi novio Gremlin" de esa genialidad en forma de banda llamada Carmen Sandiego. Y, de paso, también pueden ver al creador de Gizmo, Joe Dante, en su reciente visita a Mar del Plata.
(B) Listado de libros que salen en la foto:
Verticales contra la pared: Krazy Kat 1919 - 1921: "A Kind, Benevolent and Amiable Brick" (compilación de tres años de las páginas dominicales de la mejor historieta del siglo XX publicada en diarios); Weird Tales of The Ramones (treinta historietistas e ilustradores dibujan sobre los Ramones, incluyendo cómic en 3D, una compilación de canciones en tres discos y un documental sobre la mejor banda del siglo XX); Los pequeños macabros de Edward Gorey (versión castellana en formato original -yo tenía la inglesa en formato adaptado- del libro clave del artista en la sombra más influyente del siglo XX -a vos, Tim Burton, te estoy hablando-, que me regalaron para mi cumpleaños gente que quiero); John Waters de Todd Oldham (ensayo fotográfico sobre la casa de Waters, también un fanático de las navidades. Este libro-objeto es éxtasis total, y esta foto donde muestro mi casa es un homenaje a Waters visto por Oldham, que exhibe bibliotecas y libros dispersos por toda su casa. Tiene prólogo de la gran Cindy Sherman). Verticales en medio de las pilas horizontales: The Man Who Grew His Beard de Olivier Schrauwen (la primera edición estadounidense de un historietista belga increíble: mi libro favorito del año, por lejos); Taking Punk to the Masses. From Nowhere to Nevermind. A Visual History from the Permanent Collection of Experience Music Project de Jacob Murray (fotos de objeto e imágenes de la historia del punk, simpático, bien documentado); Hägar the Horrible. Dailies 1976 to 1977 de Dick Browne (tiras diarias de Olaf el vikingo, que además de una clase magistral de síntesis de trazo y humor, es un personaje que me calienta horrores). Verticales, enfrente de la pila horizontal al lado del 2: Comic Book Guy. The Comic Book #1 de Matt Groening y otros (en 2010, mi personaje favorito de Los Simpson tuvo una serie de cómics como protagonista. Empezaron parodiando tapas de historietas célebres, en este caso es el #1 de Los Cuatro Fantásticos). Horizontales, pila al lado del 2, de abajo hacia arriba: Krazy Kat & the Art of George Herriman de Craig Joe (tiene prólogo de Bill Watterson, con eso está claro el valor del libro); Destroy All Monsters Magazine (compilado de las publicaciones underground de esta banda protopunk de 1973 de Detroit, una suerte de Aleph del fanzine punk, mi segundo mejor libro del año); Four Color Fear. Forgotten Horror Comics of the 1950's de Greg Sadowski (compilado de historietas de terror cincuentosas, tiene algunos hallazgos de Jack Cole y no hay necesidad de ponerse retro para apreciar la genialidad viñeta a viñeta); Ghost World. Special Edition de Daniel Clowes (la historieta original solita es oro en polvo, con los extras que trae en esta edición es como viajar a la luna en moto); Take a Joke. Vol. 3 of the Collected Angry Youth Comix de Johnny Ryan (el historietista más bestial del mundo, que puede hacer el dibujo más terrible mientras narra mordiéndose la cola de cascabel para salir volando como un frisbee venenoso que se te clava hasta partirte en cuatro de risa incorrecta); What Were They Thinking?! de AA.VV. (un grupete de graciosos que le cambian los textos de los globos de historietas viejas de género: una idiotez simpática); Scrublands de Joe Daly (un historietista sudafricano que no sabemos bien con qué se droga, algunos dicen que fuma lo mismo que Crumb. Lo cierto es que si el resultado son esos comix, lo mejor es probarlo a ver si nos hace el mismo efecto); 100 veces Pappo de José Bellas y Fernando García (gran rejunte que da con el mapa fierrero con que -nos ponemos de pie- El Carpo dejó su marca en esta tierra de nadie. Viene con ensayo bombástico de Pablo Schanton); Big Baby de Charles Burns (pequeño juguete macabro, sin tanta vuelta como otros del autor, dibujado para volver a creer en ese niño perverso que fuimos y seremos); The House of Mystery (de reciente adquisición, espera que le pegue una leída atenta. Dibuja uno de mis sex symbols preferidos: Sergio Aragonés); Princesa ama a Princesa de Lisa Mandel (fábula romántica estilo cuento infantil con mil piruetas de imaginación sofisticada y estilo visual cercano a una versión europea de Roberta Gregory); All-American Hippie Comix (compilado de historietas lisérgicas y fumonas de Dope Comix con prólogo de Timothy Leary: flor de trip); Madman vol. 2 y 3 de Michael Allred (el volumen 1 lo saqué de la mesita de luz porque lo leí como tres veces y pensé que me iba a volver loco si seguía releyendo en loop. Me conmueve cada línea de Allred, todos sus bichos y giros narrativos, y los colores de su esposa Laura me hacen explotar las pupilas gustativas); A Waste of Time de Rick Worley (un conejo homoerótico espera que le pegue una leída, creo que será en estas mini-vacaciones); Bad World de Warren Ellis (no sé por qué me compré esta garcha, si alguien lo quiere se lo vendo o se lo cambio por algo; si ese alguien tiene sobrepeso de más de veinte kilos y más de cuarenta años, ese algo puede ser sexo); The Complete Wendel y From Headrack to Claude: Collected Gay Comix ambos de Howard Cruse (este tipo también tiene un par de historietas en Dope Comix y estos dos libros completan la historia gay de la segunda mitad del siglo XX con un perfecto punto de vista político a partir de situaciones de sitcom con un estilo cartoon explosivo); Batman Retroactive 1970s (al caballero de la noche le tengo apego, no me lo quiero sacar de mis pesadillas); The Sensational She-Hulk vol. 1 de John Byrne (a la grandota verde la quiero más que a ninguna super-heroína, me picaría con ella, con eso les digo todo, especialmente porque me hace reír como loca); The Essential Dykes to Watch Out For de Alison Bechdel (este no estaba en ese momento en la mesa de luz, pero lo puse porque estuvo durante más de un año, cuando decidí releerlo en inglés; la Bechdel tiene una inteligencia privilegiada para el dibujo, las tramas y los títulos de sus aventuras lésbicas comunitarias que atraviesan lo esencial del siglo XX queer). How to Speak Zombie de Steve Mockus y Travis Millard (audiolibro que enseña el lenguaje básico para sobrevivir en este mundo zombificado). Horizontales cerca de mi panza, de abajo para arriba: The Steampunk Bible de Jeff Vandermeer con S. J. Chambers (me interesan algunas pocas aristas del steampunk, pero este libro es una preciosura bien ilustrada); Palookaville y The Great Northern Brotherhood of Canadian Cartoonists, ambos de Seth (el historietista canadiense me vuelve loco, del primer libro leí la continuación de Clyde Fans, que es impecable; el segundo lo empecé varias veces pero sé que tengo que ponerme firme un día libre para leerlo de un tirón, aunque me da gusto volver a arrancar varias veces como forma de relectura); Please Kill Me de Legs McNeil y Gilliam McCain (guía oral y coral del punk estadounidense, para releer las anécdotas que fundaron toda una sensibilidad que me conmueve: hoja de ruta para desviarse); Epilectic de David B. (cómic autobiográfico, lo empecé un par de veces y me pone muy triste, voy a retomarlo con el estado de ánimo correcto, viene recomendado por Juan Manuel Domínguez, que es garantía de calidad); Paying for It de Chester Brown (otro genio canadiense, que la rompe y la vuelve a armar con su autobiografía en relación a la prostitución, como siempre su sencillez y su falta de discurso predigerido lo hacen salirse de cualquier tópico trillado y de la linealidad. No es su mejor libro, pero tiene toda la dimensión de su personalidad); Role Models de John Waters (ya he picoteado de sus páginas, encontré más complejidad de la que espero de un maestro perverso como él, eso me hizo frenar y esperar hasta poder dedicarle la lectura atentísima que merece: leer a Waters es como empezar de cero, como preparar una materia que no cursaste para rendirla libre).
(C) Además de Bob y Patricio, los otros muñecos que se ven en la foto son Plastic Man (sobre la pila de libros contra la pared), un marciano verde de Toy Story (a la derecha de la dupla subacuática) y un muñequito de torta de un jugador de fútbol con la remera de Gimnasia que venía en el disco de Mapa de bits (en la esquina de la mesa al lado del velador). También, al lado del jugador, hay dos miniseñales de tránsito, conos flúo, que pertenecen a un playmovil, regalo de Gastón Olmos.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Papa navideña


Me canonizaron en vida: fui Santa gracias a que me bautizaron como Chicx de Tapa en número navideño del suplemento Soy de Página/12. ¡Qué herejía, carajo! Desde el título me compararon con la Coca Sarli, aludiendo a una de las películas de erotismo prostibulario de ella: Intimidades de una cualquiera. Tiene lógica, porque la Coca-Cola inventó el ícono papanoelístico que imito, y porque el apodo de familia de mi pareja abierta es Coco. Entonces, soy la Coca navideña: ¿qué pretenden ustedes de mi arbolito, de mis bolas, de mi pesebre?
Aunque no lo crean, porque ya saben que soy una chica fácil, la impronta pin-up de la foto no fue necesariamente intencional ni premeditada, tuvo que ver con una casualidad. Sebastián Freire, el fotógrafo virtuoso responsable de la imagen, alquiló el traje de Papá Noel más grande de la casa de disfraces pero me iba chico: la casaca no me abrochaba y el pantalón no me pasaba de las rodillas (aprecien lo que son esos jamones prominentes que me sostienen), entonces no quedó otra que salir semidesnudo, y como a mí no me cuesta nada... Me dejé el sombrero puesto, eso sí, porque quería ser drag navideña. Y, para no propiciar el escándalo exhibicionista, tapé mis partes con un libro que estaba en la mesa de luz, al lado de mi propia cama, donde se hizo la foto. El libro es The Death Ray, una historieta de Daniel Clowes, muy recomendable, que le hace el aguante a Ghost World en su retrato amargo y original del fin de la adolescencia. Si quieren y les dan ganas, curiosidad o deseo incontrolable, puedo invitarlxs a leerlo en mi cama, y si no leen en inglés, se los traduzco a la lengua que entiendan, para eso soy mandado a hacer. Perdón, me fui de boca.
Sigo: lo aclaré ayer cuando me invitaron a leer en la presentación de Waska#3: no soy Papá Noel, soy Papa Noel (grave, sin tilde, como el tubérculo), porque poseo varias de las características de la papa: tengo una redondez irregular y soy sucia.
Si con esa foto no les he sacado las ganas de festejar, que pasen felices fiestas y que El Gordo de Navidad cumpla sus deseos más oscuros esta noche.

lunes, 19 de diciembre de 2011

¡Trulalá!


Exposición de historietas, domingo a la tarde del final de esta primavera. La gacetilla del evento decía que se trataba de "La Expo del Mundo Fantástico más Grande de la Argentina. Comics, Manga, Anime, Ciencia Ficción y todo el Mundo Fantástico en un solo lugar", muchas mayúsculas anunciaban un engaño seguro, así que iba preparado. Me cruzo la Capital para llegar a un galpón con gente transpirando mares que recorre dos pisos de stands con muñecos de todo tipo y tamaño. Estoy solo y me encuentro únicamente con dos conocidos, tenemos una charla cien por cien idiota y desinteresada que se interrumpe por sus entusiasmos con un pibe que pasa disfrazado de un súper héroe que desconozco; mientras me alejo ellos se sacan una foto con él y no entiendo si lo hacen con seriedad nerd, con ironía irresponsable o solamente con fanatismo desbordado.
Camino stand por stand y veo que hay poca, poquísima historieta impresa (que era lo que iba a buscar): me doy cuenta, un poco tarde, tardísimo que ya el cómic está en una etapa post-papel, que somos minoría quienes nos interesamos en comprar libros y revistas, que todo el mundo baja cómics por internet y que no es negocio que las comiquerías lleven cajas y cajas de ediciones impresas que no van a vender a nadie. Igual consigo algunas cosas que me interesan, el primer tomo compilatorio en inglés de House of Mystery, varios números (también en inglés) de Fantastic Four y The Spirit, y una edición impecable en castellano de una meta-historieta a color de Charles Burns que atraviesa el mundo de Tintín a partir de los planteos de Burroughs (una genialidad de dimensiones cósmicas, algo así como una aventura Elseworld de avant-garde lisérgico).
Ya estaba bastante satisfecho con mi mochila cargada de casi mil páginas nuevas. Y antes de volver a cruzar la ciudad, decido echarme un cloro en el baño de la exposición. La experiencia me confirmaba que podía pasar cualquier cosa detrás de la puerta de un baño público. Pero, de verdad, esta no me la esperaba: Hijitus o Súper Hijitus, no llegué a saberlo, estaba cambiándose en uno de los privados, con la puerta abierta y su sombreritus tirado en el piso cerca de los mingitorios. Como pueden ver arriba, saqué una foto con el celular para capturar esa viñeta perturbadora y porque sabía que nadie me iba a creer. Salí del baño sin hacer la descarga urinaria correspondiente, prefería huir antes de ver a un ídolo de mi niñez en alguna situación escatológica o de algún otro tipo y factor que García Ferré no hubiese ni autorizado ni dibujado. ¿El personaje se rebeló a su creador? ¿Era Hijitus un exhibicionista o un asqueroso? ¿O estaba con diarrea estival precoz y se ponía un pañal de Oaky? ¿Hay una oscuridad en el universo de García Ferré que todavía no salió a la luz? ¿O simplemente se trataba de alguien que había inspirado la versión de Jorge Guinzburg de "Súper Pijitus"? No lo sé, prefiero seguir sin tener ninguna respuesta. De lo que estoy seguro es que en ese galpón había mucha gente dispuesta a sacarse fotos con cualquier Hijitus de vecino, tenga el olor que tenga. Y por eso brindamos.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Caracterología

Por suerte, blogs hay de todos los colores, incluso hay algunos incoloros, inodoros, insaboros (¿existe esta palabra?). Internet y la especie humana dan para todo. Y, también es una suerte que, de la conjunción de esas dos cosas, logró nacer Los caracteres, un blog creado por la pareja del periodista Lucas G. y la cantautora Violeta Castillo, dos potencias en lo suyo, y en algunas otras cosas, que a dúo se elevan a la enésima potencia. La cuestión es que, a partir de la idea germinal de entrevistar a amigos y amigas, crearon un blog con secciones que permiten recontar una serie de anécdotas personales que en general quedaban relegadas para mesas de bares o sobremesas, encerradas en fondos de vasos sin terminar listas para armar un mezcladito, envueltas en servilletas arrugadas, apagadas contra un cenicero, vomitadas en inodoros que vigilan las borracheras memorables (segunda vez que aparece la palabra "inodoros" en este post, esto se vuelve escatológico, pido perdón). Tras la premisa "cualquiera puede contar una buena historia" (especialmente si la ha vivido), el blog fue creciendo hasta convertirse en una bombita molotov contra el aburrimiento. En alguna de esas mesas de bar donde se pierden las historias que valen, mientras comentábamos el blog en rueda de amigxs, les tiré a Violeta y Lucas la idea de unxs amigxs para entrevistar, y me contestaron que tenía carta blanca para editar Los caracteres una semana, subiendo las notas que quisiera, incluso que podía crear una sección. Y esta semana lo hice: subí cuatro entrevistas que ya las pueden leer. Agradezco a Marina Yuszczuk, Magdalena Arau, Don Ge y Betina Porta Fouz sus respuestas, amistad y cariño invertido en la colaboración. Y lxs invito a brindar (a ellxs y a todxs) por ese blog (y por este, ya que estamos) en la fiesta que se anuncia en el flyer de arriba, el próximo 21.12.11, fecha numéricamente peculiar, que viene muy bien para escuchar esas canciones de Violeta que nos gustan tanto, tanto: primera noche de verano (que empieza ese mismísimo día) que es buena para salir cantando por el Bajo bien alto.